ANIMALES Y SEMILLAS
LAS semillas y frutos constituyen una importante fuente de recursos para muchos animales. Como se ha visto en capítulos anteriores, su calidad nutricional es muy superior a la de otras partes de la planta. Por ello, gran cantidad de frutos (y semillas) se pierden por depredación de multitud de organismos, frecuentemente aun antes de que maduren. Cada semilla tiene dos grupos potenciales de depredadores relativamente diferentes. Quizá las diversas características defensivas de las semillas son producto de la evolución de las respuestas a estos diferentes depredadores. El primer grupo está formado por los organismos (insectos y hongos) que pasan gran parte de su vida dentro de una semilla y que solamente se alimentan de ella. Tienden a ser especialistas y han logrado superar las defensas químicas de las semillas para así poder alimentarse de ellas. La posibilidad que tiene la semilla de escapar es mediante modificaciones del comportamiento o a través del tiempo evolutivo. El segundo grupo está formado por aquellos que se alimentan de una gran cantidad de semillas y de muchos tipos de ellas. La forma de evitarlos es a través de modificaciones en el comportamiento y mediante cambios químicos en el tiempo ecológico y evolutivo (Janzen, 1983). Generalmente ocurre que el primer grupo ataca a las semillas antes de que éstas maduren y sean dispersadas; el segundo viene después y frecuentemente se mezcla con la dispersión misma. Los insectos son los principales depredadores de frutos y semillas de este primer grupo. Algunas especies ovipositan en las flores, de modo que la larva se desarrolla dentro de la semilla en formación y se alimenta de ella. Éstas son larvas sedentarias y el animal adulto es el que tiene que localizar la flor y ovipositar en alguna. Otro tipo de daño lo producen los insectos móviles que recorren diferentes partes de la planta; o también diferentes plantas que se dañan entre sí de manera directa. Louda (1982) realizó unos experimentos en California en los que usó una hierba de la familia de las compuestas (Haplopappus squarrosus); gracias a ellos demostró y cuantificó la importancia de la depredación de las semillas por parte de los insectos y el efecto que esto tenía en el establecimiento de plántulas. Comparando ciertas plantas tratadas con insecticidas contra otras cuyos depredadores no habían sido eliminados, encontró que en las primeras se reducía la pérdida de semillas de 94 a 41 por ciento. Existen varios mecanismos por medio de los cuales las plantas disminuyen la pérdida de semillas por depredadores (principalmente insectos) antes de la fase de dispersión, cuando constituyen un recurso alimenticio concentrado y también después de la dispersión, mientras se lleva a cabo la germinación. Entre los principales están: la protección por medios químicos, por lo general de compuestos secundarios, la protección mecánica de frutos y semillas, la disminución del tamaño de las flores y semillas e incremento en su número, el escape temporal, el escape especial y los animales defensores.










