LONGEVIDAD DE LAS SEMILLAS: HALLAZGOS DE SEMILLAS ANTIGUAS
El hallazgo de semillas a las que se atribuyen muchos años de edad siempre ha resultado de interés para el hombre. Sin embargo, como exalta su curiosidad, le ha sido fácil tomar decisiones apresuradas y la información se ha llenado de errores e interpretaciones equivocadas. Se tienen pocas pruebas contundentes que permitan asignar una edad a las semillas. Cuando las pruebas son sólo circunstanciales, el hallazgo carece de valor científico y siempre quedará la duda. Para conocer la edad de la semilla se utiliza la prueba del radiocarbono 14, la cual es muy exacta. Otras pruebas indirectas como datar material o artefactos asociados, consideraciones culturales o estratigráficas no son exactas y a veces introducen muchos errores. La única prueba real para saber si están viables es que germinen. Las condiciones de almacenamiento, como se ha visto, son muy importantes. Los hallazgos mejor preservados se localizan en climas muy secos, en ambientes congelados o carentes de oxígeno. Estas condiciones han permitido que fisiológicamente las semillas se conserven en buen estado y sean capaces de germinar cuando se les coloca en condiciones adecuadas. Semillas recuperadas en sitios arqueológicos han brindado información muy valiosa sobre la forma de vida de antiguas civilizaciones, así como sobre el desarrollo evolutivo de nuestros cultivos actuales. Por tanto, aunque esas semillas no estén viables, su recuperación ha sido de gran interés. Se han recuperado muy distintos tipos de semillas de los antiguos sitios arqueológicos en Egipto. En las pirámides asociadas a las tumbas de importantes faraones, existen numerosas historias e informes escritos acerca de la viabilidad de las semillas encontradas. Entre las principales especies de semillas recuperadas está el trigo (de las especies Triticum dicoccon y T. durum), la cebada y los chícharos. Se han encontrado muestras que se considera provienen de 5 000 años a.C., hasta muestras de 100 años d.C. Ninguna de ellas ha sido capaz de germinar. Estas semillas estuvieron sujetas a la influencia de líquidos de embalsamar que posiblemente afectaron su viabilidad desde un inicio; otras muestran signos de carbonización, lo cual es frecuente en muchos de los restos. Probablemente eran sometidas a altas temperaturas antes de colocarlas en la ofrenda. Las condiciones a las que estuvieron sujetas antes del “almacenamiento” hicieron imposible su germinación. Uno de los datos más interesantes acerca de la longevidad de las semillas corresponde al caso de una semilla de Canna compacta (de1 la familia Cannaceae). Esta se encontró dentro de la cáscara de una nuez que servía como sonaja en un sitio prehispánico en el noroeste de Argentina, en Santa Rosa de Tastil. El análisis de carbono 14 de la semilla reveló una edad de 550 años; a su vez, la cáscara de nuez se analizó con el mismo método, dando una edad de 1362 + 73 años. Por lo tanto, la semilla de Canna tenía una edad de 600 años en el momento de germinar. La explicación a esta longevidad extrema se debe a la aridez del sitio donde se preservó y a la extrema dureza de la testa. Otro ejemplo bien documentado es el de las semillas recuperadas de ladrillos de adobe de edificios históricos en el suroeste de California, EUA y norte de México. Una semilla de la leguminosa Medicago polymorpha germinó a la edad aproximada de 200 años. En este caso también ayudó el medio ambiente árido del sitio arqueológico y la testa dura de las semillas. Otros hallazgos importantes se han hecho en zonas árticas, donde las semillas han quedado atrapadas y preservadas en el hielo. Semillas de otra leguminosa (Lupinus arcticus) se recobraron en Canadá durante una
operación minera, a una profundidad entre 3 y 6 metros. Se encontraron, asociados a las semillas, restos de un lemming que hoy en día ya no se encuentra en esa región. Desafortunadamente, las semillas no se fecharon mediante radiocarbono 14, por lo que la edad tentativa de 10 000 años no puede ser validada. Los frutos de Nelumbo nucifera (planta acuática de la familia de las Nymphaceas) obtenidos de ejemplares de herbario han germinado después de estar almacenados durante 100-200 años. Semillas de esta especie encontradas en una zona pantanosa (en condiciones anaeróbicas) de China germinaron después de haber permanecido enterradas durante 340 a 430 años. Se ha informado de la existencia de semillas viables de esta misma especie después de más de 1 000 años de enterramiento; sin embargo, varios de estos resultados no han sido totalmente aceptados. Otra fuente interesante para obtener semillas son los ejemplares de herbario. Cuando se requiere saber a qué especie pertenece una planta se corta un pedazo con flores o frutos, se seca entre hojas de papel y se deposita en un herbario, junto con su etiqueta de colecta. En dicha etiqueta deberá aparecer, entre otros datos, la fecha en que se colectó el ejemplar. Obviamente, esto limita la edad de los ejemplares al tiempo que tienen de existir los herbarios; sin embargo, brindan información muy exacta sobre la edad de semillas viables. Entre las semillas obtenidas de ejemplares de herbario que han germinado se encuentran varias leguminosas, las cuales tenían entre 100 y 158 años. Como ejemplos de ello están Cassia bicapsularis con 115 años y Cassia multijuga con 158, Goodia lotifolia con 105 y Trifolium pratense con 100. Entre las Nymphaceaes se encontraron varias especies de Nelumbo que permanecieron viables muchos años (entre 121 y 193). Finalmente, es interesante conocer los resultados que se están obteniendo con algunos experimentos en los cuales se realizan pruebas de germinación periódicas con semillas almacenadas. El experimento que más tiempo ha funcionado es el de W. J. Beal realizado en Michigan, EUA. En 1879 enterró veinte botellas con semillas de veinte especies de malas hierbas comunes en la zona. Las semillas estaban revueltas con arena húmeda y los frascos fueron enterrados boca abajo en el suelo. Cada cinco años, y actualmente cada diez años, se saca una muestra de las semillas y se pone a germinar. Después de 50 años la cuarta parte de la muestra aún tenía semillas vivas; cien años después sólo tres especies permanecieron viables. Uno de los experimentos que ha empleado más especies es el de J. W. T. Duvel en Virginia, EUA. Colocó semillas de 107 especies en macetas tapadas, y las enterró a 20, 56 y 107 cm de profundidad. Lo inició en 1907 y duró 39 años. Entre las especies que se mantuvieron viables durante los 39 años está el trébol Trifolium hybridum. Finalmente, otro experimento importante de mencionar es el de Went en California, EUA. El experimento se inició en 1949, con 98 especies de la flora de California, las cuales se quedaron en frascos al vacío, sellados en forma hermética. Periódicamente se extraen muestras de las semillas para comprobar si aún son capaces de germinar. Se ha encontrado que muchas de ellas han permanecido viables y aún se cuenta con suficientes muestras como para seguir probando su longevidad durante muchos años más. Como puede verse, son pocos los datos comprobables acerca de la edad de las semillas y su viabilidad. Sin embargo, revelan la gran capacidad que tienen algunas especies para permanecer vivas, desde el punto de vista fisiológico. Sin embargo, desde el punto de vista ecológico esta información no tiene mucho valor, ya que son casos aislados que se mantuvieron bajo condiciones muy particulares, en los que, difícilmente, se habría establecido en forma espontánea la plántula. Desde una perspectiva ecológica, aunque son importantes los datos aislados de longevidad extrema encontrados en algunas semillas, resultan aún más interesantes los datos de longevidad y comportamiento de semillas sometidas a las condiciones de humedad, temperatura y composición de gases que se dan todos los días bajo condiciones naturales de almacenamiento de las semillas, o sea en el suelo. El que una semilla almacenada bajo determinadas condiciones artificiales sea capaz de sobrevivir muchos años después, tiene importancia desde el punto de vista de su fisiología y también para conocer bajo qué condiciones se puede alargar su viabilidad. Sin embargo, la permanencia de la información genética de ese individuo (y en última instancia de la especie) dependerá de su capacidad para perdurar en el ambiente, germinar, establecerse y reproducirse con éxito. Eso es lo que, dará lugar a una población con numerosos individuos. Por lo tanto, lo más interesante son las condiciones bajo las cuales las semillas se mantienen viables y la capacidad que tienen de hacerlo bajo las condiciones que frecuentemente encuentran.










