PROTECCIÓN MECÁNICA

PROTECCIÓN MECÁNICA

La defensa mecánica a través de cubiertas duras tanto en frutos como en semillas es otra forma de evitar la depredación. Algunos frutos cuando están inmaduros tienen un pericarpio muy duro, producto de altos niveles de pectina en las paredes celulares. Frutos maduros como los conos de los pinos también protegen a las semillas. En algunos casos, como el de Pinus contorta, las escamas son grandes y duras y pocas ardillas logran sacarlas. Algunas leguminosas, al igual que otras especies como Asclepias syriaca, también forman vainas gruesas y duras que protegen a las semillas de la depredación por insectos. Otra forma de protección es mediante espinas urticantes (Cnidosculus urens) o espinas como las de muchos cactos. La pubescencia de algunas hojas evita la herbivoria; bien podría suceder algo semejante en los frutos. Muchas semillas tienen testas duras. Predominan entre las leguminosas y convolvuláceas. Esta cubierta, aparte de ser una barrera para los depredadores, también es una barrera para la germinación (capítulo IV). Impide el paso de agua, de oxígeno y de luz; por lo tanto aísla a la semilla del medio ambiente. Esta protección a veces es tan dura que evita que las semillas sean trituradas por los dientes y molares de mamíferos o por la molleja de las aves, o que sean digeridas por los jugos intestinales de estos animales. Algunas plantas, como las palmas, llegan a tener semillas en las que el endospermo también es extremadamente duro. Por ejemplo, las semillas de Raphia taedigera atraviesan intactas el tracto del tapir.