USOS DE LAS SEMILLAS

USOS DE LAS SEMILLAS

El principal uso de las semillas es como alimento, lo cual ya ha sido ampliamente tratado. El uso de las semillas para siembra y para obtener alimento sigue siendo fundamental hoy en día. Además del distinto grado de tecnología empleada para mantener las semillas, hay otras muchas formas de propiciar una buena cosecha. En muchas culturas indígenas hay ceremonias para bendecir las semillas antes de sembrarlas. Así, en la zona denominada “Montaña de Guerrero” se separa de las mejores mazorcas la semilla de en medio, a la que se llama xinaxtli, las cuales son bendecidas durante la semana santa, antes de la siembra. En esta sección se presentarán otros usos e historias locales sobre distintas semillas, que no por ello tienen menos
interés. Algunas especies tienen semillas que mantienen un peso tan específico que se usaban como una unidad primitiva de peso. Así la semilla del árbol del Carob (Ceratonia siliqua) se utilizaba como una medida del peso del oro. El término quilates que actualmente usamos para aquilatar este metal, es un vocablo proveniente del griego que significa “pequeño cuerno, fruto del árbol del Carob”. La semilla de la leguminosa Abrus precatorius también fue usada como medida de peso por joyeros y farmacéuticos. En Mesoamérica, los granos de cacao se utilizaron como moneda. Esta especie era tan apreciada que los aztecas creían que el dios Quetzalcóatl había enseñado su cultivo a sus antepasados. Las semillas también han desempeñado un papel importante dentro del folclore y las creencias de los pueblos. Así, en Inglaterra las semillas acorazonadas de Entada gigas se regalaban a los niños que iban al mar, para brindarles buena suerte, ya que las semillas habían sido arrojadas por el viento en buen estado. En las islas Hébridas, al Oeste de Escocia, las semillas de Caesalpinia bonduc se usaban como amuleto para evitar el mal de ojo. Se suponía que las semillas se tornaban de color negro cuando alguien intentaba dañar al dueño. En estas mismas islas, al igual que en Irlanda y las islas Shetland, la semilla más apreciada es el llamado frijol de María o frijol de la crucifixión (Merremia discoidesperma), debido a que una de sus caras presenta el dibujo de una cruz. Los creyentes que encontraban estas semillas en la playa pensaban que como habían sobrevivido los embates del océano, podrían brindarles protección. En las Hébridas se cree que una mujer que está dando a luz tendrá un parto sencillo y sin complicaciones si mantiene una de estas semillas dentro de su puño durante la labor. Las semillas eran pasadas de madres a hijas. Una de las semillas que llegó a ser más codiciada es la del coco doble o coco de mar (Lodoicea maldivica). Esta enorme semilla sólo habita actualmente dos islas de las Seychelles (la isla Praslin y la isla Curieuse). Se le atribuían propiedades medicinales y se pensaba que su endospermo servía como antídoto contra venenos y como afrodisiaco. Se suponía que curaba las inflamaciones del cuerpo y prevenía los cólicos, apoplejía, epilepsia y parálisis. Se pensaba que la testa tenía propiedades antisépticas, por lo que se labraban hermosas vasijas y tazas para usarlas como contenedores de agua (Figura XI.6). Antes de descubrir el lugar donde existían estas plantas, los únicos frutos que se tenían eran los que llegaban con las corrientes marinas. Esta escasez hizo que alcanzaran grandes precios. Durante el siglo XVIII, en la India, un fruto se vendía a los europeos por el equivalente a un barco cargado de mercancías.
Figura XI.6. Figuras talladas de la semilla de Lodoicea maldivia y de Cocos nucifera; aretes elaborados con pedazos de Cocos nucifera y llavero con la semilla de una palma; frutos usados como jarra chocolatera en la que se han formado lóbulos al cinchar el fruto durante su crecimiento, matera con borde decorado para tomar el mate en Argentina, Uruguay y Paraguay y fruto decorado; fruto que funciona como tlachique para extraer el pulque y “palo de lluvia” que al girar permite el deslizamiento de las semillas en su interior produciendo un sonido simulando la lluvia. Numerosas civilizaciones a través de la historia de la humanidad han utilizado las semillas como elementos decorativos. En ocasiones han concebido leyendas e historias alrededor de ellas. Por ejemplo en Europa, las semillas tropicales transportadas por corrientes marinas y que eran arrojadas en las playas eran muy apreciadas. Entre los escandinavos se consideraba a los frijoles de mar como piedras y especialmente se pensaba que las semillas acorazonadas de Entada gigas, tenían valor mágico medicinal. Una mujer que estaba dando a luz podía mitigar su dolor bebiendo una infusión bien cargada, hecha con la testa de esta semilla. En Europa y Escandinavia estas semillas eran pulidas, cortadas a la mitad y se usaban como cajas para guardar rapé. Las había desde simplemente pulidas hasta ricamente adornadas con plata y unidas las dos secciones con pequeñas bisagras. Muchas semillas se han tallado simplemente como objetos decorativos. Entre ellas están las semillas de Lodoicea maldivica y las de Cocos nucifera (Figura XI.6).
Las semillas grises y redondas de Caesalpinia crista han sido usadas como canicas en las Antillas, al igual que como botones y cajas de rapé. Actualmente, las semillas se usan frecuentemente como cuentas de collares, creando extraños y coloridos diseños (Figura XI.6). A veces se intercalan con plumas de aves como en el Brasil, o se crean formas de estrella, como en México.